¿Conoces la diferencia que hay entre ser o tener?

¡Si me sigues leyendo, aquí te lo explico!

En el artículo La conciencia (publicado el 2 de noviembre pasado), planteé una pregunta: ¿qué sentido tiene la vida? Ha sido por eso que me he puesto a pensar de un modo más pragmático, con el fin de encontrarle ese significado que a mi consideración se hace muy difícil de entender.

¡Esta podría ser la conclusión!… analizado el asunto desde un punto de vista lógico, tan lógico como me permitan mis conocimientos, ya que tengo que contemplarlo desde lo que me ofrece la propia vivencia. Con esto se esboza un controvertido dilema, duda para la que me han sido necesarios los años vividos para poder tomar una adecuada consciencia de ella

Examinemos pues la notable diferencia que hay entre estos dos contradictorios, aunque aparentemente similares, conceptos: ser y tener.

Todo pudo empezar así

Quizás fueron tus mayores, después de la natural época dedicada a los estudios propios de la juventud, los que te emplazaron a que dejaras de aprender para empezar a ganar dinero. O quizás no fue así y fuiste tú directamente quien, influido por el ambiente que se respiraba en tu entorno, se decidió por la parte más prosaica. ¡Vaya contradicción!

Es en esos momentos cuando descubres que todos (tus maestros, padres, etc.) lo único que pretendían es que memorizaras para obtener ese preciado título que ahora ostentas. Lo sé, me vas a decir que de eso ya te habías dado cuenta. Sin embargo, estarás de acuerdo conmigo en que es en esos momentos cuando tienes que afrontar la disyuntiva que te están proponiendo ya no solo tus padres, sino la sociedad en general, entre lo que representa ser o, por el contrario, poseer.

Por eso, vamos a examinar detenidamente ambas cuestiones.

Aunque antes debo hacer una pertinente aclaración, pues, según se lea una palabra u otra, pudieran llegar a tener el mismo significado, ya que no se puede ser, si no se tiene. Si bien, aquí tengo que plantear: ¿qué es lo que se tiene que tener para ser? Parece obvio que en este caso la posesión a la que me estoy refiriendo son los conocimientos. Mientras que si estuviera hablando de tener propiamente dicho, lo que estaría reseñando concretamente sería poseer riquezas materiales.

Y esta es la disyuntiva pormenorizada a la que me refería anteriormente, cuando una persona le pone todo el énfasis «a querer ser».

Explicar lo que significa ser es expresarlo mediante una rebelión a las normas que te indican tus mayores y la sociedad en general.

Ahí se unen todos los registros —de lo que es realmente un ser humano— y la posible trascendencia que puede dejar cuando abandone este mundo. Quien desee ser se pasará la vida detrás de unos ideales. Cuestión que le obligará a buscar los conocimientos allí donde se hallen.

Aunque para eso tendrá que dedicarle tiempo. Sí, un tiempo que son años de estudio, de investigación, de escrudiñar en los lugares más insospechados. ¿Pues dónde se encuentran los conocimientos importantes sino allí donde no llega todo el mundo? ¿Y todo ese esfuerzo para qué? Pues para saber más y más.

Sin embargo, siempre aparecerá en él una tristeza, será como una extraña sensación que se le manifiesta, ya que en la medida en que más sepa, más cuenta se dará de que menos sabe.

Es ahí, en esos momentos, cuando percibe que el tiempo juega en su contra, porque avista que a las hojas de su personal calendario cada vez le queda menos. Y todo eso a pesar de que tiene aún muchos conocimientos pendientes de atesorar.

Pero «¿para qué acumular?», le preguntarán las personas que le conocen.

Está claro que ellas ignoran las satisfacciones interiores que le han reportado todas esas sapiencias. Si bien, no ha sido solo eso, ya que gracias a esos saberes ha podido viajar y conocer mundos maravillosos sin siquiera moverse del sillón de su casa.

Quizás, al que no haya tenido esta experiencia le pueda parecer algo mágico, pero es cierto: cuando alguien se sumerge en el universo que se abre con los conocimientos, las cosas tienen su lógica.

¿Aunque por qué no? Vamos a aceptar que los resultados se puedan entender como mágicos. El ejemplo de la referida magia a la que me refiero es llegar a adquirir conocimientos que de otra manera le hubieran pasado desapercibidos por muchos años que hubiera vivido. Y con solo eso, saber cómo piensan y cuáles son las experiencias de otras personas lejanas en el tiempo de muchos siglos atrás. Entendiéndolo de esta manera, bien podría ser considerada esta actitud como algo muy especial y, por ello, se puede considerar como mágica.

Continuando con la hipótesis de lo mágico, eso será lo que le podrá permitir ayudar a los demás con sus orientaciones. 5bdf77313ab90613951d532ac63a1749Lo mejor de esto último —posiblemente, quien no lo haya experimentado no lo sabe— es que el mayor beneficiario de todas estas acciones es el mismo que las ejerce. Si alguien se pregunta por qué, la respuesta se la dará su propio organismo. Sí, es esa descarga que entre otros neurotransmisores ofrecen la dopamina y la serotonina. Con el fin de no extenderme, quien esté interesado en estas cuestiones puede ampliarlas en el libro Interpretación del éxito. Recomiendo su lectura.

Puede parecer curioso que la evolución, al darnos cognición, nos diera con ello un premio por ayudar a nuestros iguales. No, no se trata de ninguna cuestión religiosa, ni tan siquiera filosófica. De lo que aquí estoy hablando es de una respuesta natural que ofrece el organismo y que le sirve para autoafianzarse. ¿Qué sentido tendrían de otra manera las acciones intelectuales? Sí, sin lugar a dudas, esta es la razón más importante que a mi entender encuentro para defender la propuesta postulada de lo que representa ser.

Entre tanto, tener se considerará la base de la posesión material que se pueda atesorar a lo largo toda la existencia.

La actitud de poseer no tiene nada que ver con los ingresos que se puedan percibir; simplemente, se desarrolla o no. Claro, que esta posibilidad es más fácil de aceptar, pues la otra, como ya afirmába anteriormente, no deja de ser una rebelión.La cultura capitalista provoca que desde que nacemos, nos movemos dentro del aforismo que dice: «Aquel que ahorra siempre tiene». Este importante precepto se inculca desde la más tierna infancia. Esta importante cuestión se transmite de padres a hijosLo curioso es que en, estos casos, no siempre el estudiante lo hace porque le obligan, sino más bien al contrario: no estudia aunque le obliguen, sencillamente porque al muchacho le parece una pérdida de tiempo, ya que lo que él quiere es ganar dinero. Peculio que valora con el fin de lograr su independencia económica.

¡Pues de este modo no tiene que soportar la letanía tantas veces repetida: «Tú no sabes los esfuerzos que he tenido que hacer para que ahora te lo gastes de cualquier manera»! Por lo que se considera un gran agravio a la saga familiar que sea capaz de romper tan alta tradición. Justamente ahí es donde incide el aforismo antes mentado: «Hay que ahorrar para tener».

Eso hace que las personas que están inmersas en estos principios no puedan comprender la vida de otra manera que no sea la que les plantea la óptica materialEsa cuestión comporta la anhelada seguridad que puede reportar el mundo que se percibe a través de lo que se considera una riqueza palpable. Todo ello se podría interpretar con la conversación figurada que sigue a continuación:

—¿Qué es lo que representan exactamente esas riquezas?

—Pues que trabajando y ahorrando puedo adquirir una casa y luego otra; también puedo ser propietario de varios coches. Y de cualquier cosa que pueda comprar en el mercado.

Es en ese momento cuando vuelve surgir otra pregunta:

¿Y para qué quieres todo eso si apenas puedes disfrutarlas, ya que te pasas todo el tiempo trabajando?

Sí, parece que lo sabe, pero piensa que algún día podrá disponer de tiempo suficiente.

De ahí emana una nueva pregunta:

—¿Y ya tienes pensado cuándo será ese día

—Pues, de momento no, ¡pero todo ello me da seguridad!

—¡Ah! Sí, claro, esa es su utilidad, ¿por si te pasa algo?

La respuesta vuelve a provocar otra nueva pregunta:

—¿Y para qué deseas tanta riqueza?

La rápida réplica que recibo es para eso que llaman el día de mañana.

Ello, y con perdón, me vuelve a sugerir otra vez otra nueva pregunta:

—¿Y cuándo será ese día de mañana?

Aquí percibo que el interrogatorio crea una duda, ya que ese día es indeterminado. Pero en ese mismo instante, alguien me dice:

Para la vejez.

Ahí soy yo el que por un momento balbuceo con otra pregunta:

—¿Quieres decir que cuando llegue a viejo, gracias a ese dinero ahorrado, podré vivir?

Un profundo silencio invade la estancia. Todos los reunidos han quedado sumidos en sus pensamientos. Ahora me los imagino visualizando a sus mayores. Recordando en qué situación se hallan, a pesar de haber vivido una existencia plagada de privaciones y necesidades, cuando ahorraban para el día de mañana.

Continuando con esa percepción, ahora los ven claramente: impedidos, apenas se pueden mover. Tampoco comen las cosas que más les gustan, más bien al contrario, el doctor les ha prohibido casi todoSi le pudiera preguntar a esa gente que mis contertulios están divisando, posiblemente me dirían que una terrible soledad se ha apoderado de ellos.

«¿Incomunicación por qué?»; les haría raudo la pregunta. No tengo que tener una gran imaginación para conocer la que sería su respuesta…

—¡Cansan, aburren, se han vuelto pesados y ya no se enteran de nada!

Aquellos que se encuentran medianamente lucidos son los que más cuenta se dan de lo que hacen sus familiares más queridos.151985627_f76043167b_b Sí, aquellos a los que cuidaron y alimentaron de pequeños apenas se acercan a ellos para decirles ¡cómo se deben comportar en la residencia donde se encuentran! Tienen que soportar continuas insinuaciones sobre cómo deberían dejar la herencia en vida. Natural, es para pagar menos impuestos. ¿Pues al fin y al cabo, para qué quieren el dinero en las circunstancias en las que están? ¿Es que acaso no están bien atendidos en el lugar en que se hallan? «¿Tienes alguna necesidad? ¡Papá…, mamá! Lo tenéis todo». Y es entonces cuando aquel ahorrador, que toda la vida pensó que era para el día de mañana, se da cuenta de que desconoce cuál ese es día.

Los hay que tienen más suerte. Bueno, eso es un sarcasmo, pues hace tiempo que perdieron la realidad entre las brumas de su memoria. Ahí está claro que el dinero ya no tiene ninguna utilidad. Diría más, ni siquiera podrían disponer de él en el caso utópico de que por unos momentos alcanzaran la lucidez. Simplemente porque los han incapacitado.

Pero que nadie piense que exagero. Esa es la única verdad que nos espera a todos. Estamos pagando el coste del progreso. Hoy, las familias, por motivos obvios, ya no disponen de tiempo para dedicárselo a sus mayores.

Aquellos que han ahorrado para el día de mañana estarán instalados en una cómoda residencia. Aunque pensándolo bien, ¿para qué les va a servir si apenas se pueden mover en el mejor de los casos?

También, tengo que aceptar que hay personas que han sabido vivir una vida equilibrada entre los ingresos a disponer y, los gastos realizados. Aunque en este caso quiero hacer una observación, pues debido a una cosa o la otra, estas situaciones que se dan son las mínimas. Ya que como he dicho anteriormente la cultura imperante es bastante parca cuando se dan estas circunstancias.

De todos modos no debemos olvidar que transitamos por esta vida de una forma temporal y, cualquier atesoramiento que hagamos no se ira con nosotros, a ese supuesto mundo que viajaban los faraones. Aunque siempre quedara la coartada que se hace para dejarlo a nuestra descendencia. Si bien, si esta imita la acción (como es de esperar), no dejara de transmitir la peor de las esclavitudes:-No vivir para que tampoco vivan sus descendientes

Todo esto que acabo de relatar nos debería hacer reflexionar. No para vivir una vida alocada. Pero si para pensar que a la vida se la tiene que alimentar ofreciéndole oportunidades al espíritu. Sí, estoy seguro que entonces es cuando se relativizan los bienes materiales. Quizás fue eso lo que nos quiso indicar Platón: En su mito de la caverna. Por motivos de espacio quien lo desconozca lo podrá leer de un modo sintetizado en el artículo: ¿Sabemos realmente lo que queremos? (Publicado el 10 de octubre pasado)

Finalmente para estas dos formas de entender la existencia tan distinta, cada una interpretara el éxito de una manera determinada. «Para unos el ser», querrá decir poseer conocimientos. Entre tanto para otros «el tener» será igual a ser poseedor de cualquier tipo de bien material, sea el que sea. Solo exigirá un requisito que tenga un valor claramente cambiable.

Como conclusión, diré que son dos formas de entender la vida.

Decidir cuál es la mejor manera es una cuestión que le corresponde a cada persona. Pues como ya decía al principio de esta reflexión: la vida es un puro absurdo. Y si por decidir hay que acogerse a alguna alternativa. Yo personalmente defendería una, que no dudaría. Pero entiendo que cada uno haga su propia interpretación, que en resumen estará sujeta al modelo mental heredado.

Ahora como siempre solo me queda despedirme. Agradeciendote la reflexión escrita que te puede haber causado este artículo. Pues la finalidad de plasmar mis pensamientos, es para despertar una actitud distinta a la que académicamente se está ofreciendo sobre estas cuestiones. Tampoco quiero olvidar el recordarte que si conoces alguna persona que pienses que puede estar interesado en estas cosas le hables de esta Pitágoras. ¡Hasta la próxima!

 

 

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