Siento, que me persigue con su guadaña, porque por momentos percibo su aliento…

Está ahí esperando que algo falle dentro de mi organismo, para ahora sí cobrarse aquello que en su momento perdió (mi vida), que busca sin cesar esperando lograla.

Toda esa sensación empezó cuando finalmente pude zafarme de aquella situación tan oscura en la que me encontraba. La cosa sucedió durante mi enfermedad, cuando nadie hubiera dado una perra gorda por mi futuro. Sin embargo, yo estaba seguro que dé esta saldría.

Ahora, han pasado tantos años, que tan solo recordarlo me estremece y realmente ignoro de donde sacaba las fuerzas para poseer aquella seguridad que, en estos momentos encuentro a faltar. Quizá, es porque hoy ya no la preciso y, lo que hace mi psiquis es ahorrar energías.

Sí, es eso, lo que he pensado cuando me he puesto a reflexionar para describir esas sensaciones que ahora percibo como algo que sucedió en un tiempo ya lejano de mi existencia. Aunque meditándolo bien, me doy cuenta que me está resultando muy terapéutico, para subestimar los sinsabores que ocasionalmente me tocan vivir y a los que muchas veces hace que me embarguen unas preocupaciones, que en estos momentos soy consciente que son nimias cuando las comparo con todo aquello que pasé.

Resulta curioso, pero cuando me pongo a recordar aquellos días que parecía que ya los tenía superados, es en el momento que tomo consciencia que no es algo tan lejano como pensaba. Pues todo lo que sucedió me ha hecho ser como soy ahora. ¡Ah y casi me olvido! Que estoy hablando de aquellas fechas en que estaba padeciendo una enfermedad que no hace tantos años era terminal pues, mi mismo padre, precisamente falleció en la plenitud de la vida, a causa de ella.

Desde que recibí la nueva víscera en mi organismo, algo sucedió dentro de mí, fue un cambio tan importante que varió mi forma de entender la existencia. El hígado, que hoy forma parte de mi ser, debía pertenecer a un hombre bueno, eso no lo dudo pues, en mi han surgido nobles sentimientos que me han hecho comprender, a personas que otrora, no entendía. Y, sin embargo, esto, me ha comportado un difícil problema de relación, sobre todo con los míos, pues ellos continúan percibiéndome, como aquel que ya se fue y nunca más volverá.

De todo esto lo que deseo destacar, es una historia de superación, a la que la medicina que denomino dentro del ensayo, mecanicista, no solo no le encuentra una explicación a la convicción de que iba a superar aquella terrible enfermedad, sin más, si no, que ni siquiera contempla una búsqueda, en que fundamentar aquella seguridad. Es algo así, como si se quisiera ignorar a priori mi actitud, ya que, representa una incógnita que, no creen necesario estudiarla. Parece que, de alguna manera, negando la posibilidad, es como si se cerrara a cualquier cuestionamiento del asunto.

No encuentro otra explicación pues, cuando he entablado cualquier conversación con los médicos sobre esta cuestión, sus respuestas acostumbran a ser un silencio, acompañado de una actitud, que me deja entrever, algo así, como: –¿Qué es lo que me está preguntando, este? Por lo que he desistido de indagar, al menos por esta vía. Aunque dentro de mí siempre queda la pregunta a la que no hallo otra respuesta, que la energía que en ocasiones desarrolla la mente.

Sí, la psiquis, una parte que en medicina no se le da suficiente importancia, al menos a lo que concierne, en la curación del organismo. Parece que aquel antiguo aforismo, expuesto por el poeta romano: Décimo Junio Juvenal (55 d.C.) que a continuación expongo traducido al castellano, no se valora. No obstante, considero, que después de haberlo leído detenidamente, he encontrado en él, la explicación, de lo que en aquellos momentos pude sentir, aunque, eso sí, basada en mi agnosticismo.

Se debe orar que se nos conceda una mente sana en un cuerpo sano.
Pedid un alma fuerte que carezca de miedo a la muerte,
Que considere el espacio de vida restante entre los regalos de la naturaleza.,
Que pueda soportar cualquier clase de esfuerzos,
Que no sepa de ira, y esté libre de deseos
Y crea que las adversidades y los terribles trabajos de Hércules son mejores que las satisfacciones, la fastuosa cena y la placentera cama de plumas de Sardanápalo
Te muestro lo que tú mismo puedes darte, con certeza que la virtud es la única senda para una vida tranquila.

En estas palabras, hallo todos los secretos que he sido incapaz de explicar. Quizá, me falte la capacidad de transmitirlas, pero las siento muy adentro. En cuanto a lo que él dice que se debe orar. Yo, lo cambio por entonar mi himno, con aquella canción que me acompañó, en los momentos más difíciles de mi enfermedad.

Resistiré, una letra de Carlos Toro y una melodía de Manuel de la Calva, eso fue exactamente, lo que elevé a nivel de oración. Tengo la sensación que sin ella no hubieran aparecido mis fuerzas, curiosa reflexión, pues de alguna manera, esto podria tener relación con los campos morfogeneticos teoría, que expongo dentro del ensayo, del biólogo inglés: Rupert Sheldrake. Desarrollarla ahora mismo se haría imposible por espacio y además representaría un spoiler, para el libro que próximamente presentaré:

¡Hablando claro!

filosofía esencial aplicada para médicos, enfermos y otros.   

En la próxima entrega revelaré el nombre de la editorial, ya que, debido a la pandemia he elegido una experta en la comunicación digital, imprescindible siempre, pero en la actual situación, aun es más relevante.

Como siempre agradeceré, cualquier comentario, que desees hacerme, con la promesa que voy a responderlo. Saludos y hasta la próxima.    

Antoni Beltrán

 

 

 

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