Sí, lo somos

 

Seguramente te estarás preguntando en qué baso esta afirmación

¡Parece claro que venimos a este mundo a sufrir!

Pocas personas, por no decir nadie, pueden escapar de las preocupaciones que les reportan los sentimientos.

¿Quién puede negar que en alguna ocasión no haya padecido un desasosiego por un hijo o un familiar muy allegado?

Nadie

Ni el ser más fuerte estando en su sano juicio se libra de este sufrimiento.

Ergo, es evidente que nuestra existencia está secuestrada por el qué pasará.

 

A diferencia de los otros animales de la naturaleza

 

Los humanos vivimos prisioneros del miedo a cualquier cosa que nos pueda ocurrir

Esto que a priori podría parecer un tanto incierto se manifiesta con violencia por todos los avatares que nos depara la vida. Ante cualquier situación, sea por una enfermedad propia o de un ser querido, un problema laboral, un disgusto con nuestra pareja.

En fin…

Cualquier suceso de esta índole nos hace padecer enormemente una manifestación psicosomática que a buen seguro nos llevará al médico.

psicoterapeuta-roma-disturbi-ipocondria-720x340Es ahí donde comienza una danza de especulaciones que no deja de ser otra manifestación de la mercantilización en que vive la sociedad occidental

¡No!

De ninguna manera voy a criticar la labor que hacen los doctores, aunque sí creo preciso hacer algunas puntualizaciones.

Seguro que tú mismo habrás vivido la experiencia:

¿Cuántas veces, por razones que has creído justificadas, has tenido ocasión de visitar a un médico?

¡Realmente muchas!

Sin embargo, si te pones a reflexionar, comprobarás que el origen de muchos de tus males surgió por una de las situaciones antes descritas o parecidas.

Cierto, ¿verdad?

¿Pero acaso el doctor profundizó algo más que en extenderte una receta con unas determinadas píldoras?

Es fácil para el supuesto paciente sentir que lo que le aqueja puede ser curado por un fármaco. Ya que con eso no tiene por qué hacer ningún esfuerzo, solo dejarse llevar por la situación que el profesional le haya indicado. Ese es el motivo por el que, ya entrados en el siglo XXI, la cantidad de nuevas enfermedades, lejos de disminuir, se han acrecentado sensiblemente.

Quizás puede parecer lógico que cuantos más adelantos hay, más enfermedades se detectan

Pero ¿realmente es así?

Es evidente que no

El motivo de que hoy se identifiquen tantas nuevas enfermedades tiene una razón muy concreta. La primera cuestión que habría que replantearse es a quién beneficia directamente la aparición de una nueva dolencia. A priori, podría parecer que es al enfermo. Pero no es cierto…

Que quien realmente se beneficia es a los laboratorios farmacéuticos

Sí, sin lugar a dudas es la industria de los fármacos la primera beneficiada. Ante todo, el mundo capitalista donde están instaladas estas empresas debe regirse por beneficios. Puede parecer doloroso que estemos hablando de enfermedades y de beneficios. Sin embargo, no es que lo parezca, es que lo es. Por cruel que pueda ser, las enfermedades solo le interesan a este trust, que da forma a un cártel que tiene como finalidad enriquecerse por medio de los males que nos aquejan, sean supuestos o no.

No obstante, debemos aceptar que son necesarios, ya que no podríamos ni imaginarnos un mundo sin remedios

Y esto evidentemente es propio de las investigaciones costosísimas que hacen los antes mencionados laboratorios. En cualquier caso, deseo dejar muy clara mi posición al respecto: sí me parece correcto que se lucren por sus arriesgadas inversiones en investigación; lo que no se puede aceptar es que jueguen con la salud.

Para ello se inventan nuevas enfermedades

Con síntomas que son propios de los problemas cotidianos que todos de una manera u otra sufrimos, lo cual no es que solo nos aqueje físicamente, sino también emocionalmente, provocando sobre nosotros un serpentín que no acaba nunca de inquietarnos.

Podría parecer muy atrevida la afirmación de que los laboratorios crean o inventan afecciones, pero no es algo nuevo, tal como ya apunto en el apartado servicios del blog. Es una cuestión que viene avalada por las denuncias públicas de reputados profesionales en varios medios de comunicación. ¿Acaso no resultan sospechosas estas periódicas y exóticas gripes que obligan a buscar determinadas vacunas con gran dispendio para las arcas públicas responsables de la sanidad para luego quedarse en nada?

2Voy a explicar un caso que a este respecto no hace mucho tiempo tuve ocasión de conocer

Se trataba de un hombre de mediana edad, casado y con hijos, con un nivel intelectual medio. Al llegar su padre a la jubilación, le cedió la dirección de la empresa. Coincidía con unos momentos de crisis aguda en el mercado. ¿Quizás fuera ese el detonante para que decidiera que fuera él quien tomara las riendas de la organización? Pasado un tiempo, como otras tantas empresas, cerró. Fue entonces cuando sufrió reproches de su entorno familiar, particularmente de su esposa. También coincidió que tuvo que ser intervenido quirúrgicamente de una antigua lesión.

Pues bien, eligió la salida fácil, empezó a beber y a trasnochar.

Con ello llegaron las desavenencias conyugales y finalmente la separación. Nuestro hombre en cuestión, ante el estado de ansiedad en que se encontraba, acompañado de un familiar, visitó a su doctor de medicina general, para que le diera algún remedio y, además, pudiese dormir. A partir de ahí, empezó un tratamiento a base de somníferos y algunas vitaminas sin determinar. Como quiera que pasara el tiempo y no se recuperaba, visitó a un psiquiatra, el cual le recetó unos medicamentos para que le levantaran el ánimo. Eso no le privó de que hiciera terapia con un psicólogo que un amigo le había recomendado; el profesional en cuestión intentó hacerle ver que debía reponerse del divorcio, que en su opinión era la causa de todos los males.

Fue en ese momento cuando lo conocí…

¡Lo percibí como si fuera un juguete roto!

Me explicó que había visitado a infinidad de psiquiatras y psicólogos. Sin embargo, ninguno se había interesado verdaderamente por él para saber cuál era el origen de sus supuestas dolencias, ignorando de esta manera cuál era en realidad su mal.

Ahí tomé conciencia de que su organismo estaba resistiendo el ataque de fármacos

(por llamarlos de alguna manera).

Está claro que el problema de este señor en ese momento eran básicamente las drogas legales que estaba ingiriendo. Y por otra parte, los desorientados consejos que no le ayudaban a encontrar un camino que le ofreciera una determinada visión de futuro.

En la actualidad, estamos hablando de proyectos profesionales para él, los problemas de su pareja apenas aparecen, salvo para recordar que no tuvo un comportamiento apropiado.

Hoy es un hombre que empieza a quererse; por ello ha abandonado todos los hábitos perniciosos (aunque para dejar las pastillas le aconsejé que fuera a solicitar la autorización de un doctor, pues no se puede parar la ingesta sin una regulación previa). Creo que este ejemplo que he presentado puede ser válido para apoyar la idea de que muchas enfermedades son más propias de los avatares de la vida (como antes comentaba) y no de dolencias orgánicas. No obstante, lo que sí es posible es que ciertos tratamientos pueden llegar a dañar el organismo y, entonces, es verdad, ya estás enfermo.

Posiblemente, te estarás preguntando a qué viene la afirmación con que he encabeza este artículo, donde manifiesto que el ser humano es un error de la naturaleza. Bueno, si no ha quedado claro del todo, sigue leyendo y en la próxima entrega prometo descifrar totalmente esta cuestión. Por cierto, como siempre, agradeceré cualquier comentario respecto a esta lectura. ¡Hasta la semana próxima!

  AB

 

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