El mundo del futuro. 1ª parte…

La opción representó para el Homo sapiens tomar un camino o, el otro; decisión que aquí simbolizo en las pastillas roja o azul con las que encabezo el artículo.

Y de esta manera fue como la humanidad escribió su futuro.

Aquí cuento la historia…

Al principio fue la primera célula mitocondrial

Mucho más tarde surgieron los mamíferos, hasta que después de una casual y, larga evolución, aparecimos los Homo sapiens. Fue a partir de este momento, que el hombre no hizo otra cosa que cambiarse a sí mismo. Esta ha sido y, es la base de –la interpretación que tenemos de nosotros mismos-. Los continuos acicalamientos a los que desde un principio nos administramos han representado una continua metamorfosis.

Entre tanto los milenios han ido transcurriendo. Toda la humanidad con el paso del tiempo ha ido progresando. Poco queda de aquel primer ser recolector, cazador y, trashumante que iba en busca del sustento; avituallamiento, que evidentemente no era diario.

¡Qué gran diferencia con las personas de nuestro tiempo!

La realidad es que en estas épocas nos cuesta aceptar que existan las hambrunas. Pues ellas solo son debidas a las guerras y, al subdesarrollo; cuando no, acompañado de una pertinaz sequía en algunas partes del globo. Por el contrario, el azote que padecen los humanos de estos días, es la obesidad, como consecuencia de una sobre alimentación.

¡Que pronto olvida el Homo sapiens el pasado!

Cuestión que ocurre del mismo modo cuando pensamos en clave de futuro. O mejor podría decir de un presente que ya está aquí. Pronto será posible ser feliz, sin que se tenga ninguna compensación. Y por descontado, que se deba hacer algún esfuerzo, que no sea el económico.

La solución la han encontrado los laboratorios

Desde hace unas décadas, se están elaborando unos fármacos compuestos por hormonas y, neurotransmisores claves en estas situaciones; de todos ellos se pueden destacar: la serotonina, la dopamina, y, la oxitocina. Realmente es así: en nuestro cerebro estos son los componentes que resultan mágicos para concedernos eso que los alquimistas y, filósofos de todos los tiempos han buscado afanosamente: ¡la felicidad!

Pero aún hay más, el triptófano es un aminoácido, que actúa contra la ansiedad. Con esto se está asegurando la desaparición para siempre de los estados de angustia, desesperación, miedo y, tantos otros de índole parecida que ahora mismo se te puedan ocurrir. Como consecuencia no es de sorprender que desde que los laboratorios lo pusieran a la venta, hayan tenido tanto éxito, son muchas las gentes que acuden a las farmacias para comprar las píldoras de la felicidad. ¿Vaya, qué sentido podrían tener ahora aquellos boleros que recurrían con sus letras a aquellas angustiosas situaciones que padecían los hombres despechados?

Como resultado de todo esto, en esos días se podrá adquirir la felicidad y, el amor en píldoras, sin tener ninguna necesidad de relacionarse con nadie. Llegado ahí desaparecerán las emociones para siempre y, consecuentemente también desaparecerán los  sentimientos. La empatía será una verdadera desconocida y, las gentes se relacionarán por sofisticados juegos, donde generalmente la correspondencia será solitaria.

Capítulo aparte serán las comidas

Si recordamos los primeros alimentos eran totalmente naturales, sin ninguna participación del hombre. Luego llegaron los transgénicos, con la voluntad de hacer una producción masiva. Contra esto los llamados ecologistas, se opusieron volviendo a cultivar o criar de forma natural, exentos de pesticidas o de cualquier aportación química. Sin embargo, finalmente lo que se impondrá: –será lo biológico-.

Los animales y, las plantas son tratados como productos inertes

Por eso que se usen palabras afines. Nadie, ni los niños ni los mayores, entendemos la pechuga de pollo o, un corte de ternera, más allá de lo que apreciamos como un paquete que se expende en el supermercado.pescado-mercado-abc-644x362

Con ello, la consideración de ser vivo nada más que se deja para los humanos. Los demás seres llamados de compañía, en el fondo no dejan de ser unas mascotas a las que se les puede tomar gran cariño sí, pero es el mismo que se le da a un objeto muy querido y, por ello representa el mismo disgusto el día que se pierde o se rompe.

Lo que evidencia cada vez más es que estamos entrando en la era de un mundo absolutamente artificial, alejado de cualquier esfuerzo para conseguir el logro. Las gentes del futuro; si, esas que no tardarán muchas generaciones en nacer, se extrañarán que sus padres o sus abuelos tuvieran que usar la voluntad. Eso hará que ya de por sí, esa palabra les resulte muy extraña. Y es más que probablemente, la Academia de la Lengua Española, la habrá hecho desaparecer del diccionario, por ser un vocablo sin ningún uso y, por ello habrá perdido sentido alguno.

Se concretará una gran disminución de los pensamientos razonados

El motivo se hallará en que cada vez serán menos necesarios. Todo, absolutamente todo, se conseguirá mediante determinadas píldoras mágicas que se estarán anunciando por todos los medios de comunicación. En ese futuro no muy lejano, ya se habla de la desaparición paulatina de las universidades. Pues nada que estrese estará permitido. Todo ello será sustituido por humanoides, o por seres bionicos; máquinas compuestas: por química, aparatos tecnológicos, informática cuántica y, las conocidas neuronas.

Se impondrá el aspecto de la neurociencia esta vez cuántica

Desde la perspectiva de las biociencia cognitiva neuronal, la informática cuántica y, toda una serie de motivos que derivan de todo ello. Llegado ese momento se puede decir que las ciencias tecnológicas se estarán desarrollando con una gran pujanza, mientras que por el contrario las llamadas ciencias humanas cada vez perderán más protagonismo hasta llegar a desaparecer. Todos estos asuntos resultan un tanto complicados de explicar. Pues aunque me consta que se está trabajando en ello, puedo asegurar que la realidad superará esa supuesta ficción que cualquiera que me esté leyendo podrá suponer..

Estaremos alcanzando el final de la etapa del Homo sapiens

Entrando en una era donde la química, las máquinas cuánticas y las neuronas (la mayoría artificiales), suplirán a ese ser homo, que inicio su evolución hace 1.500.000 años.

Quizás el valor que aquellas gentes le puedan dar a la felicidad, no será el mismo que durante siglos le hemos dado. Sin embargo, quiero invitarte a hacer una reflexión:

¿Tú crees que la felicidad todo el orbe la ha entendido siempre igual?

¡Seguro que no!

Es innegable que la felicidad de la forma que se concebía hace tan solo cien años, dista mucho de la que se puede estar comprendiendo hoy. Y, ya que estamos hablando de cambios, basta con echar la vista atrás hace unos treinta años, para darse cuenta del vertiginoso cambio que ha sufrido este especial concepto.

Ante todo esto, ¿cómo se puede pretender comprender al futuro, si incluso en ese futuro próximo no habrá el mismo vocabulario? O bien, porque habrán desaparecido palabras o, porque otras nos resultarían ininteligibles, debido a que su utilidad pertenecerá a esos usos venideros.

Voy a pedirte una reflexión más…

autopista

¿Te podrías imaginar por un momento que alguien de tus antepasados pudiera volver a la vida?

¿Cómo crees que entendería el mundo que nos ha tocado vivir?…

Pues, te puedo asegurar que lo concibiría de la misma manera que tú estás interpretando estas palabras que hablan del futuro.

Y parece que todo comenzó por unas pastillas.

Pero no te dejes engañar, no es cierto. Hace muchísimo tiempo que las cosas están cambiando, hasta llegar a lo que podríamos entender como un gran cambio. Y nadie parece extrañarse por la transformación, indudablemente nada es como antes. Y lo peor o lo mejor, como ya decía es que parece que todos vamos aceptando los cambios de buen grado. Esto me recuerda un cuento, que he publicado en mi libro: Interpretación para el éxito. En el mentado cuento: hablo de un sapo holgazán y, una rana responsable; el sapo jugando cae en una olla de agua tibia y, se acomoda en ella, hasta que pasado un tiempo el agua comienza a hervir

Bueno si te lo explico perderá la gracia. Pero supongo que podrás comprender que a los cambios lentos todo el mundo se acostumbra, sin apenas apercibirse. Y esto es precisamente, lo que nos está ocurriendo con las mutaciones que está haciendo la sociedad actual.

No solo son los fármacos los que nos van a trasformar.

Cambiará nuestra manera de entenderlo todo. Quizás será por eso que también acabe desapareciendo la palabra felicidad. Pues no tendrá sentido dentro de un universo donde no cabrán el dolor, las penas y, evidentemente tampoco los deseos. ¡Ah! ¿Que no te gusta ese futuro? Pues no te preocupes, porque ni tú ni yo lo viviremos.

Será muy posible que nuestros tataranietos u, otras generaciones posteriores sean inmortales.

¡Que esa es una palabra muy fuerte!

Sí, hoy tienes razón, se puede considerar una gran petulancia el que sea capaz de pronunciar semejante absurdo. ¿Pero es que acaso estoy expresándome en presente? Creo que no es necesario recurrir a las hemerotecas, para conocer la longevidad de las personas no hace ni tan siquiera cien años.

De acuerdo con ello quiero aprovechar para volverte a recordar (el cuento del sapo y, de la rana que te he comenzado a explicar). Poco a poco, nos vamos acostumbrando a todo, creyéndonos que ese todo, está dentro de la más grande de las normalidades. Siendo así en un futuro nos ocurriría lo mismo, que si nuestros antepasados levantaran la cabeza. Ya me imagino a las personas reclamando una felicidad, donde los contemporáneos les mirarían extrañados de lo que están exigiendo.

Bueno por hoy llego hasta aquí, la próxima semana te seguiré contando los derroteros que tomará el mundo. O, mejor debería decir lo que ocurrió con la humanidad, con la aparición de las nuevas máquinas, quienes se conocieron como seres bionicos.

Ahora como siempre te invito a que dejes reflejada la opinión que te ha sugerido este escrito. Pues como sabes valoro mucho tu aportación, ya que la finalidad es que entre todos profundicemos en asuntos que la cultura siempre hablando en general, parece en más de una ocasión obviar.

AB

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