Es curioso e incluso parece un tanto llamativo que estos dos importantes conceptos de la mente apenas se estudien en las escuelas. Anque si se reflexiona detenidamente, tiene una importante razón de ser

 

El inconsciente colisiona frontalmente con las creencias básicas judeocristianas, ya que solo aceptan la existencia del consciente. Lo que es lo mismo a reconocer en el ser humano una capacidad de razonamiento y, por ello, de libre albedrío

 

Como bien indica la Torá, o la propia Biblia, el hombre es un ser libre, lo cual le permite elegir el bien o el mal con total libertad; eso da la razón a la idea de que es un ser consciente de sus actos

 

¿Pero esto es así?

 

Pues realmente, no

La educación que recibimos, claramente influenciada por los principios antes mentados, hace que intervengan en el ser humano varios factores, los cuales de algún modo le secuestran su libertad y, por ello, su capacidad de decisión.Si bien él no es consciente o, mejor debería decirse: difícilmente lo es.

 

Vamos pues a describir qué representa exactamente el inconsciente

Para ello, nos tenemos que remitir al principio de nuestra especie. Allí nos encontramos con unos seres que han ido evolucionando hasta llegar a lo que somos: Homo sapiens; cuestión que representa que han adquirido cognición (o lo que sería lo mismo: son conscientes). Si bien, la capacidad de razonamiento evidencia algunas importantes lagunas, como todo el mundo puede observar en las continuas guerras, holocaustos y barbaridades diversas en que la que la humanidad ha estado sumida, siendo, cómo no, los Homos sapiens, protagonistas principales de todos estos desencuentros.

Este es el momento en que cabe hacerse la pregunta:

 

¿por qué sucede esto?

 

La respuesta es simple: somos unos seres que en la evolución no dejaron atrás los instintos, sino que más bien nos acompañan en todo momento

Eso fue exactamente lo que Sigmund Freud (1856-1939) hizo popular al definirlo como inconsciente —palabra que significa «no ser consciente»—.

Para refrendar esta cuestión, solo diré que más de un 95 % de las acciones que emprendemos —o incluso el 100 % de las necesidades bilógicas—, se realizan sin ninguna intervención de la razón, al igual que lo hacen los demás animales que pueblan la naturaleza.

La situación planteada crea en el humano una ambivalencia —entre lo que conscientemente dice que quiere y entre lo que hace

Esta es pues la razón fundamental de que seamos seres absolutamente contradictorios e incapaces de reconocer que nuestras decisiones vienen dictadas por el inconsciente

Entre tanto, este encarga al consciente que encuentre las coartadas necesarias para justificar lo que muchas veces son acciones totalmente contradictorias, de acuerdo con lo que verbalmente expresamos.


two-way-traffic-148887_960_720Con lo explicado queda planteada la situación en que los humanos nos encontramos

Por una parte, el inconsciente (también lo podríamos llamar nuestros instintos) sigue reinando en la mayoría de los trabajos, por complejos que estos puedan ser. Pero que nadie piense que la labor de un cirujano o la de un frutero difiere mucho, salvo naturalmente en la responsabilidad que representa el error de uno o del otro. Pues aunque evidentemente deban mostrar atención, su trabajo se desarrolla de un modo totalmente automatizado.

Tanto es así que el cerebro humano no está preparado para soportar mucho tiempo un pensamiento consciente

Cualquiera habrá podido comprobar cómo le inunda el cansancio cuando debe realizar tareas de aprendizaje o cualquier otra que por desconocimiento no le ha sido posible automatizar. El organismo en este caso responde de un modo instintivo, regulando el esfuerzo mediante el agotamiento que emite, pues de otra manera sencillamente la psiquis podría llegar a explotar.

Aceptada esta cuestión, se podría plantear la siguiente pregunta:

 

¿en qué lugar se inician los deseos que puede tener el inconsciente?

 

Para contestar a este interrogante, hemos de saber que todo los humanos somos seres de imitación

No hace más de dos décadas se desconocían unas determinadas neuronas, que, como tantos otros descubrimientos, se hallaron por casualidad. Sí, me estoy refiriendo a las llamadas neuronas espejo.

Neuronas que, como su nombre indica, reflejan las acciones que observamos en los demás de un modo inconsciente

Y es de esta manera como aprendemos, y ya no solo lo que representan las cuestiones propias, como pueden ser las más elementales (asearse o cualquier otra labor cotidiana), sino que lo que también hacemos es imitar los comportamientos.

Esta es la base primordial de lo que la metodología de trabajo Intentional Management system define como el modelo mental

Definición que no es más que una manera de interpretar la vida y que se fundamenta en la infancia, cuando la cognición empieza a asentarse en el cerebro del niño. Naturalmente, para que ocurra se precisa de una determinada cultura (forma de entender la existencia) que le brindan sus progenitores o personas más cercanas a él en esos momentos.

 

Con esta influencia, aparece el carácter de cada individuo o también la denominada personalidad

En esta cuestión se conjuga toda una serie de circunstancias, la ya mencionada influencia cultural, como parte más determinante del comportamiento. Aunque también se debe tener en cuenta la genética y la epigenética conductual.

Lo referido me obliga a hacer una pequeña descripción de estos dos nuevos componentes que menciono

La herencia genética se trasmite a partir del material heredado del núcleo celular. Ahí encontraremos las características anatómicas, fisiológicas y comportamentales.

Por otra parte, la epigenética conductual es la que recoge ciertas experiencias sin distinguir entre buenas o malas de los antepasados. Comportamientos heredados, como pueden ser el alcoholismo, la violencia o también la paciencia y la capacidad analítica (solo por dar algunos ejemplos).

Resumiendo, tanto en el primer caso como en el segundo se transmiten al estado fetal mediante la cadena de ADN

No obstante, debo insistir en que lo que diferencia al Homo sapiens de los demás mamíferos que pueblan este planeta es la cognición. Si bien, afirmo que está secuestrada por el inconsciente, que en este caso se evidenciaría como el modelo mental.

Todo ello hace que los comportamientos sean aprendidos sin tener ninguna consciencia de ello

Con esto, se da la curiosa y doble paradoja de que todo el mundo cree que ha elegido su forma de ser, y eso le hace estar satisfecho con su carácter, ya que le gusta cómo es y, en el caso de que reiteradamente las cosas no les salgan de la manera que desean, encuentran en la suerte la coartada perfecta para justificar sus propios errores.

Con eso, parece que el hombre está condenado a ser prisionero de sus propias emociones, de las cuales algunas por cierto han sido inducidas por medio del referido modelo mental

Eso es lo que puede hacer que las gentes interpreten la amistad con determinadas personas de un modo u otro (cuestión que, como se recordará, ya mencionaba en el artículo que publiqué en días pasados con el título: ¿Existe la verdadera amistad?). Quizás con esta lectura pueda resultar más fácil comprender lo que representa el inconsciente, en cuanto a la influencia que tiene en la relación con las personas.552060257_1280x720

El resultado es la gran autoridad que ejerce en nosotros en el momento de tratar con los demás; tanto es así que nos hace comprender a nuestros semejantes desde distintas perspectivas

 

Ahora, una vez expuesto lo referido al inconsciente, vamos a profundizar en la otra parte opuesta de la mente: el consciente

Hablar de consciencia es hablar de cognición y, para ello, tenemos que volver otra vez a los inicios de este artículo, donde nos remitíamos el principio de la especie

Ser consciente equivale a reconocer que el humano posee una cierta capacidad de razonamiento, si bien, como ya he referido anteriormente, esta no es plena

No obstante, vamos a circunscribirnos a lo que ha representado para el Homo sapiens el uso de esta capacidad; con ella, nos fue posible adquirir conciencia de nuestro propio yo, cuestión que no resulta baladí, pues todo ello vino acompañado a la vez de la capacidad de memorizar, lo que equivalía a recordar, pues hasta ese mismo momento no nos distinguíamos de cualquiera de las demás bestias que poblaban el orbe; se puede decir que fue a partir de la aparición de las evocaciones cuando el tiempo comenzó a existir.

Para poder expresar mejor este concepto, se me ha ocurrido recurrir a modo de metáfora a la cita bíblica La expulsión de Adán y Eva del paraíso

En aquellos tiempos, las cosas para ellos transcurrían con una cierta tranquilidad, ya que vivían prisioneros dentro de la más grande de las inocencias, lo que equivaldría a decir que se desarrollaban según sus instintos sin ningún ápice de razón. La aparición de la tentación del diablo se puede interpretar como el primer atisbo de raciocinio. A partir de ese mismo momento, es cuando el humano en su evolución comprende otra realidad muy distinta que aquella primigenia que desde sus inicios poseía.

Lo que equivalió a que ante la desobediencia su creador los expulsara del Edén

Ciertamente, ya nunca más podrían hacer una involución para volver atrás, pues habían dejado de ser aquellos seres que solo estaban guiados por sus primigenios instintos (lo que antes expresaban como su inocencia). Tener consciencia nos permitió poseer sentimientos y desarrollar lazos afectivos con los demás. No obstante, todo esto tiene una cierta contrapartida, ya que, acompañado de la consciencia, surgen preguntas para las que hoy día no hemos encontrado todavía respuesta.

Esa es otra de las razones fundamentales por la que nos hace ser seres contradictorios

Sucede cuando esta capacidad nos obliga a reflexionar y encontrarle un sentido a la vida. Eso fue sin duda lo que empujó a los hombres primitivos a buscar explicaciones de todo lo que sucedía en su entorno, donde antes no se planteaba ninguna necesidad.

Los continuos cataclismos en los que por circunstancias se podían ver abocados tenían que ser debidos a sus malos comportamientos; es evidente que la consciencia les había creado una conciencia, y esta les indicaba que habían enojado a los dioses

La realidad es que todo lo que transcurría a su alrededor no era más que el fruto de la cognición y, consecuentemente, la imaginación con que esta le había dotado. De tal manera, que era capaz de recrearle el mundo que le rodeaba de una manera predeterminada, según fueran sus creencias o sus modos de pensar.

Fue esa cognición la que le dio la capacidad de imaginar cómo pudo darle una debida explicación a sus miedos

Lástima que esa justificación era el fruto de su propia proyección (como ya he manifestado). Todo lo relatado evoca a otro artículo publicado: ¿Somos los humanos un error de la naturaleza?

Nada es más cierto; si no, veamos a qué nos ha llevado la mentada capacidad de razonamiento, pues de alguna manera todo ello resulta un gran absurdo

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¿No es acaso la consciencia la que es capaz de hacernos ver la deidad en una talla de madera?

 

Eso a pesar de que nos consta que ha sido labrada por otros hombres

 

Con el consciente, pudimos paulatinamente entender un mundo que nos alejó de ser unos meros depredadores, por cierto muy débiles ante otras bestias, para transformarnos en unos seres que íbamos a cambiar el hábitat

Y ya no solamente de nosotros mismos, sino de todos los habitantes que lo poblaban. Sin embargo, tengo que volver a recurrir al error, pues esa evolución más que hacernos felices lo que nos hizo fue transformarnos en seres inseguros, aunque esta vez por nuestra propia capacidad de razonamiento, tal y como ya he indicado.

Claro que podríamos encontrar muchas ventajas a la capacidad de razonar

Pero al final todo se reduce a una: encontrarle sentido a la vida. No se ha hallado ningún tipo de motivo que no sea aquello que nos demandan los sentimientos.

Si interpretamos la razón con miras al bienestar de las personas que amamos, como pueden ser los hijos y la familia más allegada, al llegar al final de la existencia, si tenemos tiempo de hacer una recopilación de lo que ha representado el paso por este mundo, solo serán los afectos los que nos quedarán.

También podemos observar la existencia de ciertos individuos —muy pocos por cierto—

Cuyo paso por la vida busca la trascendencia de sus obras. Ahí se encuentran los grandes artistas, los inventores, los descubridores y los que nos trajeron nuevas filosofías para comprender mejor el mundo en que vivimos.

 

Pero yo particularmente pienso:

¿y todo para qué?

 

Solo me queda una esperanza: saber qué será de la conciencia cuando el cuerpo material desaparezca

Sí, lo sé, son teorías que no se han podido demostrar, pero mi capacidad de razonamiento me ha hecho militar dentro del agnosticismo, lo cual quiere decir que soy un expectante dentro de la limitación de los conocimientos que poseemos los humanos.

De otra manera, tan solo me quedaría tener una creencia basada en la fe, cuestión que de ninguna forma puedo aceptar, o ser un ateo.

En cualquiera de estos dos casos, los polos por aparentemente antagonistas se unen: los unos, por creer en el dogma sin más; los otros, por negarse a aceptar el desconocimiento que nos plantea la física cuántica

Finalizo, aunque podría estar hablando de otras múltiples facetas que tienen el inconsciente y el consciente

Pero tanto por espacio como porque de alguna manera sería repetir lo que expreso en el libro que está a punto de ser publicado, Interpretación del éxito; solo decir que de las tres partes que lo componen, la primera y la segunda están prácticamente dedicadas a estos dos conceptos de la mente.

Y nada más, solo informarte, querido lector, que la continuación de este artículo tendrá por título: La conciencia; con ella, haremos un viaje para intentar encontrarle un sentido práctico a esta vida si es que lo tiene. Por cierto, si alguien está pensando que estoy pecando de pesimista, le ruego que antes de nada interiorice una reflexión sobre este complejo e indeterminado asunto, como es la existencia; seguro que llegará a la misma conclusión que planteo.

Ahora sí, como siempre, agradecerte los comentarios que te haya podido invitar esta lectura. Y también recordarte que les hables a las personas que creas que pueden estar interesadas en estas cuestiones.

¡Hasta la semana próxima!

 

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